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Messi llegó a 600 goles cuando más lo requerían

GERARDO BLANCO|CARACAS.- En el día del trabajador, Messi se puso el traje de obrero y siguió cumpliendo con su predicamento de cargar con el Barcelona hasta la final de la Liga de Campeones. El Barsa sudó sangre para vencer 3-0 al Liverpool en el primer duelo de la semifinal, en un partido digno de los dos candidatos más firmes a levantar la Orejona, con el permiso de Ajax holandés.

Desde el comienzo, el Liverpool de Jürgen Klopp hizo saber que venía a luchar cada centímetro de la cancha en el Camp Nou. Presionó muy arriba y en los primeros minutos hizo lo impensable: le robó el balón al cuadro azulgrana y se adueñó del partido hasta el Keita salió lesionado y los rojos perdieron revoluciones.

Barcelona tuvo un respiro y le hizo pagar al Liverpool tanto atrevimiento. Arturo Vidal toco largo para Jordi Alba que esperó el desmarque de ruptura de Luis Suárez para meter un pase cronometrado, en el lugar y en el momento justo para que el uruguayo anotara su primer gol y el 500 del Barsa en la Liga de Campeones. Fantasmal, Suárez apareció por la espalda de Van Dijk y Matip para puntearla de derecha y sorprender a Alisson.

En una jugada calcada el Liverpool tuvo la oportunidad de igualar. Mané recibió un pase matemático de Salah, pero el senegalés llegó muy justo para definir y el remate salió alto.
Para aguantar el resultado, el Barsa necesitó en la segunda parte de las atajadas del arquero Tes Stegen. Los primeros minutos fueron copados por Salah. El egipcio hizo un jugadón para habilitar a Milner que sacó el disparo al palo lejano para la tapada fotográfica del guardameta alemán. Luego fue el propio Salah que sacó un metrallazo tapado por Ter Stegen que volvió a evitar la caída del Barsa al atajar otro cañonazo de Milner.

Messi decidió entrar en acción para acabar con el asedio. Se asoció con Luis Suárez que estrelló el remate en el travesaño. El argentino recogió el rebote, lo mató de pecho y con el arco solitario anotó su gol 600 con la camiseta azulgrana.
Después puso la lápida al Liverpool con su acostumbrada maestría en los cobros de pelota detenida, soltando un misil al ángulo superior, inatajable para cualquier mortal.

Messi es un jugador de palabra y está cumpliendo a cabalidad con su promesa de ganar otra Championspara el Barsa. Trabajó el doble en un día de descanso y dejó a los culés acariciando la gran final.

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